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Capitulo 3:

18.03.2013 11:55

Primer viaje misionero de Pablo: de Antioquía a Corinto

 

         Chipre, Panfilia, Licaonia (Hch 13-14): 1000 km. 48

 

        Para reconstruir esta primera misión tenemos la información de Hechos y las secciones autobiográficas de las Cartas, pero estas fuentes “son como dos caminos que a veces corren paralelos y a veces se cruzan y sobrepasan, pero nunca coinciden”.49  Pero antes de entrar en los detalles del viaje de Pablo conviene destacar la originalidad y audacia del predicador: no teme a las grandes distancias entre un lugar y otro ni a la extensión de las provincias atendidas. Privilegia las ciudades romanas y centros importantes por su capacidad de influjo en las demás zonas secundarias. Tiene en la mira Roma y los confines del imperio: España (Ro 15,22-24). ¿La llegará a visitar? No elige la via de las ciudades costeras de Asia Menor donde había ya comunidades judías: Pérgamo, Esmirna, Efeso, Mileto, para poder decir luego que ha predicado donde ningún otro lo ha hecho antes (cf. Ro 15,20). Asegurando la comunión de doctrina con “las columnas de la Iglesia”, trabaja con independencia y planifica el futuro de las comunidades con un séquito de misioneros que lo acompañan y apoyan en su gestión.

 

         Hechos nos informa de un cierto esquema de trabajo de Pablo y los primeros evangelizadores: a) Llegan la nueva localidad; b) Participan en los actos litúrgicos de la sinagoga para hablar de Jesucristo; c) Se producen algunos prodigios y surgen los primeros cristianos de esa ciudad; d) Los judíos se movilizan. Los misioneros son perseguidos, castigados, expulsados. Corinto es una excepción: Pablo se queda por largo tiempo; otra cosa es Tesalónica donde Pablo se queda sólo un mes y la comunidad crece de manera admirable aun sin la presencia de su fundador. Los filipenses lo visitan allí dos veces (¡150 km de distancia!) trayéndole ayuda económica. Esto sugiere una estancia más prolongada, tanto más si Pablo se pone a trabajar...

 

         En el siglo I se sometieron a la férula romana las provincias de Bitinia, Cilicia y Siria. Con Augusto se incorpora el centro de Asia Menor recibiendo el nombre de Galacia;50 bajo Claudio le toca el turno a Licia y Panfilia, de manera que durante la actividad de Pablo la conquista del oriente griego por parte de Roma está prácticamente terminada. La unidad y paz romana, preparadas ya por las conquistas de Alejandro, eran un hecho en la admirable organización del imperio: las carreteras bien conservadas y seguras favorecían los viajes de uno al otro extremo: procuradores y funcionarios, peregrinos, enfermos y devotos de Asclepio (o Esculapio) en Epidauro y otros santuarios; médicos, oradores, sofistas, estudiantes, predicadores, monjes mendigos de Cibeles, profetas, adivinos y charlatanes. El tráfico marino era igualmente intenso en todo el Mediterráneo, desde Egipto a Asia Menor, de Siria a Italia. Los puertos más famosos disputaban su hegemonía: Alejandría, Efeso, Corinto, Tesalónica o Rodas. Este es el mundo de Pablo, efervescente de comunicaciones y desplazamientos humanos, con su consecuencias lógicas de intercambio de ideas y de una progresiva visión unitaria del mundo. La larga serie de desgracias ocurridas en Palestina había obligado desde hacía bastante tiempo a muchos judíos a buscar nuevos horizontes y nuevas patrias en el vasto abanico greco-romano, lo que se llamó la diáspora. Se sentían ligados a Jerusalén pero tenían su organización religiosa en torno a alguna sinagoga. Es lo que sucedió con muchos judeo-cristianos a raíz de las persecuciones contemporáneas al martirio del diácono Esteban (año 34): emigran a la provincia romana de Siria, más concretamente a Antioquía, la ciudad del Orontes, tercera ciudad del imperio después de Roma y Alejandría.51 

 

         Antioquía, la antigua capital de los Seléucidas, se había convertido por este tiempo en sede de una comunidad cristiana inquieta y con una gran sensibilidad por la evangelización de los paganos (Hch 11,25-26). Después de su conversión y su visita a la Iglesia madre de Jerusalén, Pablo pasa un tiempo en Tarso. Aunque no sabemos de su trabajo allí colegimos que no estuvo inactivo ya que según el texto ya citado es Bernabé el que va a Tarso a buscar a Pablo y lo integra a su trabajo docente (didaskein) en Antioquía. Allí se prepara Pablo durante un año para su misión entre paganos.

 

         “En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos (cristianoi) (Hch 11,26), esto es, seguidores o partidarios de “Cristo”, considerado como nombre propio. Tal nombre, evidentemente no proviene del ámbito judío sido del greco-pagano.  Así cuenta Lucas el inicio de la comunidad cristiana en esta importante ciudad. Antioquía es, en el tiempo de Pablo, una gran metrópoli rival de Alejandría, centro importante de comunicaciones y rutas. Había sido fundada por Seleuco I Nicátor. Ahora, con medio millón de habitantes, era centro de la administración romana52  y centro estratégico de las comunicaciones entre Occidente y el Cercano Oriente. A esta ciudad habían llegado los cristianos escapando de la persecución judía que había culminado con la muerte de Esteban y poco a poco fue consolidándose allí una floreciente comunidad ecuménica y bilingüe: formada por judíos y paganos convertidos que contaba con cierta autonomía, como en Alejandría. Pablo elige, pues, esta ciudad cosmopolita como sede de su apostolado y punto de partida de sus andanzas misioneras.

 

         Lucas, que era oriundo de Antioquía, nos narra con detalles la vida de la comunidad de Antioquía, sus autoridades, profetas y maestros (Hch 13,1-3), y cómo un día, estando en oración y ayuno, el Espíritu hace la convocación a Bernabé y  Saulo para una obra especial. Estamos en  el año 46.53  Antioquía es una comunidad que siente el impulso del Espíritu que suscita un proyecto ambicioso: la conquista del mundo pagano. Muchos gentiles piden el bautismo porque el cristianismo ha llegado más allá de las fronteras de Israel llevado por el mundo cambiante y móvil de los comerciantes, viajeros y soldados. A esto se ha agregado el éxodo de muchos que huyen de Judea y buscan mejores horizontes para vivir y hacer crecer “el Camino”. En medio de esta efervescencia religiosa se entiende la decisión de la comunidad en oración que oye al Espíritu que le dice: “Sepárenme ya a Bernabé y Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hch 13,2). En ese momento las autoridades les impusieron las manos y los enviaron. Es tan importante este momento de investidura que luego se dirá: “Con esta misión del Espíritu Santo fueron a Seleucia, desde donde se embarcaron para Chipre” (Hch 13,4). A Pablo (con este nombre griego será conocido en adelante) y Bernabé se une en esta expedición Juan Marcos, primo de este último, y que tiene el cargo o título de uphrethV (ayudante o ministro). Si la orden de Jesús “serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria” ya había tenido lugar, ahora se iniciaba la segunda parte: “hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8), ¡dejando atrás Italia, hasta España, el extremo occidental!

 

         Un día de primavera54  la comunidad antioquena acompaña a los misioneros hasta el puerto de Seleucia, a unos 25 kms. Desde allí navegan a la isla de Chipre, la patria de Bernabé (Hch 4,36) desembarcando en el gran puerto comercial de Salamina. En la isla había una comunidad judía importante y es en sus sinagogas donde Pablo predicará como de costumbre dando la prioridad a la evangelización de los judíos. Sólo después del rechazo oficial se dirigirá a los gentiles (Hch 13,46). El destino es ahora la capital de la isla, la ciudad portuaria de Pafos. Allí Pablo tiene dos encuentros importantes: con el procónsul Sergio Paulo y con Bar Jesús, apodado Elimas, un mago55  de origen judío que desorienta a la gente y estorba la fe incipiente del  magistrado romano. Este viene a la fe gracias a la intercesión de Pablo que maldice al mago dejándolo ciego (Hch 13,10-12). De este modo Pablo, con la fuerza del Espíritu echa por tierra el prestigio y el negocio de la magia oriental. A partir de la conversión del procónsul, Pablo será en adelante el jefe de la expedición y será nombrado por Lucas antes que Bernabé. Este suceso de Pafos nos ilustra de la situación religiosa de ese tiempo: la afición por las ciencias ocultas dejando de lado el racionalismo griego y el culto imperial. Los más inquietos optaban por los cultos mistéricos y la astrología. Los judíos, alejándose de la ortodoxia, también caían en esta tentación.

 

         La navegación comienza a hacerse problemática con la llegada del invierno, de forma que el único destino será el puerto protegido de Atalia (hoy Antalia). No se quedan allí mucho tiempo y se dirigen a Perge, la antigua capital religiosa de Panfilia.56  Perge era sede del culto a Artemisa, culto que disputaba en grandeza con Efeso. Pablo pasa con prisa por esta ciudad y con sus compañeros se dirige directamente hacia las altas mesetas, sin detenerse en Panfilia. En esta breve estadía en Perge tiene lugar un curioso conflicto con Juan Marcos. No sabemos los detalles de la disensión  que hubo con el joven Juan Marcos, quizá tuvo miedo por las dificultades de la vida misionera, quizá se distanció de Pablo a causa de su vieja amistad y admiración por Cefas, lo cierto es que en este punto deserta del grupo y hará que haya entre Pablo y Bernabé una disensión (paroxismo~) y que las relaciones entre ambos no sean ya tan cordiales, como luego veremos. El autor de Hechos suaviza la situación y dice simplemente: “Juan los dejó y se volvió a Jerusalén” (Hch 13,13b).

 

         Desde Perge, famosa por su estadio, el más grande de toda Asia Menor, se dirigen a Antioquía de Pisidia, a 260 km de allí, en la región de los lagos.57 Augusto acababa de convertir esta ciudad en una colonia romana de derecho itálico, su nombre oficial será Cæsarea Antiochia. Los misioneros atraviesan la peligrosa ruta a través de los desfiladros del Tauro, famoso por los salteadores (cf. Co 11,26) y llegan a su destino. Antioquía de Pisidia se alzaba al norte del Tauro sobre una alta meseta. Allí toman contacto con la comunidad judía y Pablo, haciendo una señal como los oradores, pronuncia un discurso programático. Aquí Lucas expone los contenidos ordinarios del mensaje de Pablo en un esquema ideal para ambientes de la diáspora judía (Hch 13,16b-41: resumen de la historia de la salvación, Pascua de Cristo, Mesías verdadero, doctrina paulina de la justificación por la fe, exhortación final) y la acogida que despierta esta predicación en los oyentes. Si el discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret estaba dirigida exclusivamente a judíos, los discursos de Pablo tendrán como auditorio una masa muy variada: judíos, prosélitos, “temerosos de Dios” (Hch 13,16), y un número abundante de mujeres. El éxito de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia despierta inquietud y envidia entre los judíos de la ciudad y promueven un rechazo a los misioneros. Esta oposicion hará que Pablo se dirija en adelante preferentemente a paganos: “Era necesario anunciarles a ustedes en primer lugar la Palabra de Dios pero ya que ustedes la rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, miren que nos volvemos a los gentiles” (Hch 13,46). La misión en Antioquía de Pisidia dura cerca de un año.

 

         Se van entonces a Licaonia, país muy parecido al que acaban de recorrer y compuesto principalmente por nómadas muy poco helenizados. Efectivamente, el mismo Lucas nos dirá que todavía hablan en el dialecto licaonio (Hch 14,11). Atravesando en algunos días los 140 km. de distancia de Antioquía, los apóstoles llegan a la ciudad de Iconio.58  Allí muchos judíos y griegos abrazan la fe. Se da aquí también la oposición -esta vez más violenta- de los judíos, por lo cual deben irse a las ciudades de  Listra y Derbe. La ciudad de Listra,59  ubicada en los confines de Licaonia, a 40 km. al sur de Iconio, es la patria de Timoteo y les depara una experiencia inusual que pone de relieve la sencilla credulidad licaoniana:60  después de la curación de un cojo de nacimiento, la gente los venera como si fueran dioses aparecidos en forma humana: a Bernabé lo consideran Zeus, el dios del Olimpo, y Pablo le llaman Hermes, porque les dirige la palabra (Hch 14,8-18).61  Ante el propósito de ofrecerles un sacrificio, Pablo y Bernabé  a duras penas los hacen desistir de ese error tragicómico. A los oyentes de Listra no se les habla de la historia de la salvación que no habrían entendido, sino del Dios vivo, creador del universo y autor de toda posible bendición y alegría (Hch 14,15-17). La predicación no ha resultado como se esperaba pero conocen a Timoteo, un joven tímido pero de fe sólida que más adelante se incorporará al grupo de misioneros itinerantes.

 

         Por instigación de judíos de Antioquía y de Iconio, ciudades recién visitadas, Pablo es linchado, tirado fuera de la ciudad, dándosele por muerto (Hch 14,19). La comunidad que ya se prepara para un funeral, se da cuenta con sorpresa de que aún vive; los discípulos le curan las heridas y lo entran a la ciudad, pero advierten que no es prudente que Pablo permanezca allí, debe escapar. Al otro día, todavía no repuesto de la golpiza, Pablo acompañado por Bernabé deberá recorrer los 40 km. que lo separan de Derbe, en la vertiente norte del Tauro ciliciano. Allí hacen muchos discípulos.  En la carta deuteropaulina a Timoteo se recordarán detalles de estas peripecias: “Tú, en cambio, me has seguido asiduamente en mis enseñanzas, conducta, planes, fe, paciencia, caridad, constancia, en mis persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquía, en Iconio, en Listra. ¡Qué persecuciones hube de sufrir! Y de todas me libró el Señor” (2 Tim 3,10-11; cf. 2 Co 11,22-27). Los misioneros se quedan en Derbe una temporada bastante larga donde Pablo se recupera de sus heridas. Este tiempo de convalecencia da pie a una detenida evangelización y les permite “conseguir bastantes discípulos” (Hch 14,21). Derbe dista poco de Tarso, la patria de Pablo, donde éste podría haber encontrado un poco de sosiego, pero Pablo no busca su propia comodidad sino la “solicitud por las iglesias”. En el camino de regreso, venciendo el miedo natural, visitan otra vez Listra, Iconio y Antioquía designando presbíteros para el crecimiento y atención de las nacientes comunidades. Se detienen en Pisidia y luego alcanzan Perge, punto de partida de la primera campaña anatólica. Bajando a Atalia se embarcan con destino a Seleucia, bordeando las costas de Cilicia infectada de piratas y bandoleros,62   para desde allí encaminarse a Antioquía de Siria de donde habían partido. A su regreso cuentan a sus compañeros “cuanto Dios había hecho conjuntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles el camino de la fe” (Hch 14,27).

 

         Esta primera misión, aunque quedara limitada a unas regiones relativamente poco importantes, logra resultados de gran importancia: el evangelio es predicado por primera vez a los gentiles abriendo un nuevo horizonte al cristianismo: no se trata ya de conversiones individuales sino de verdaderas comunidades nuevas, nacidas fuera del ámbito judío, que se irán consolidando paulatinamente; por lo que refiere a los judíos convertidos, éstos se van liberando de las ataduras de su antigua religión legalista y sus instituciones, para entrar en la ley del Espíritu de libertad aportada por el mensaje de Jesucristo.

        

         A su llegada a Antioquía Pablo y Bernabé encontrarán a la comunidad intrincada en una dificultad: la controversia sobre la circuncisión, que es dirimida con sabiduría por Pedro y Santiago desde Jerusalén. Pablo y Bernabé viajan a la ciudad santa “a tratar la cuestión” con los apóstoles (Hch 15,2). Resultado: en adelante no se les exigirá a los nuevos convertidos del paganismo ese rito judío sino sólo la adhesión a Jesucristo por la fe. Esta controversia suscitada por judeocristianos que quieren someter a los cristianos convertidos del paganismo a la observancia de la ley y la circuncisión sucede, según A. Méhat,63  en varias fases, aunque sea difícil ordenarlas cronológicamente: a) llegada de los cristianos de Judea a Antioquía (Hch 15,1); b) varios encuentros en Jerusalén de los delegados de las Iglesias de la diáspora con los apóstoles y ancianos. Al final el concilio emite el decreto liberando a los heleno-cristianos de las observancias judaicas y de la circuncisión y mantiene solamente la prohibición de la idolatría, de los animales estrangulados o consagrados a los ídolos y de las uniones matrimoniales ilícitas (Hch 15,22-35); c) altercado en Antioquía entre Pedro y Pablo. Al final parece que Pedro da la razón a Pablo (Ga 2,11-21); d) Un conflicto análogo hace que Pablo escriba la carta a los Gálatas a los cuales se les quería imponer la circuncisión. Este problema judaizante será constante, se encuentra en 2 Co 11,21-23; 3,1-18 y en las cartas pastorales: Ti 1,10; 3,9; 1 Tim 1,7.

 

Capitulo 2:

18.03.2013 11:31

“Saúl, Saúl, por qué me persigues?” o el Camino de Damasco

        Jesús, el profeta de Galilea, había muerto realmente por manos de los romanos y por instigación de las autoridades religiosas judías, pero, aunque pocos lo hubieran soñado, sus palabras, sus milagros y sus pretensiones de ser el enviado de Dios, seguían resonando en Israel, especialmente en Jerusalén. Sus seguidores, conducidos por Cefas, habían superado el escándalo de la cruz y predicaban con arrojo por todas partes, pero especialmente en el templo de Jerusalén, que Jesús había resucitado al tercer día por el poder de Dios; que sólo en la  persona del nazareno crucificado había salvación posible; porque no solamente era el Mesías anunciado y esperado en las tradiciones judías, sino que era el Hijo de Dios, el Señor. Estas “blasfemias” resultaban insoportables para los oídos del fariseo Pablo. Este se sintió responsable de la pureza de la fe, y en poco tiempo unido a otros tan fanáticos como él, se convierte en el perseguidor de esa “secta” subversiva de “nazoreos” exaltados. Los testimonios del NT serán claros al respecto (Hch 8,1-3; Ga 1,13; 1 Tim 1,13). En medio de esta cruzada anticristiana es encontrado por Cristo mismo en el camino de Damasco.36

 

         La conversión, o más bien, la vocación37  de Pablo es un hito en la historia de la Iglesia primitiva ya que a partir de este momento el evangelio de Jesús será llevado lejos en un trabajo misionero tan audaz como original.38 Podríamos ubicar este acontecimiento en el año 36,39  unos doce años (o catorce) antes del concilio de Jerusalén. No obstante, sobre este acontecimiento los datos aportados por Lucas en Hch no concuerdan totalmente con las confidencias de Pablo en sus cartas, de hecho Pablo nunca pretendió hacer un relato de sus memorias, sólo alude a ellas cuando las circunstancias se lo exigen para edificación de la comunidad o para defender su propio apostolado. Pablo, pues, no describe nunca su experiencia “en Damasco” (Ga 1,17) o “en el camino de Damasco” (Hch 9,3; 22,6; 26,12).40

 

         Nos atenaza la pregunta: ¿en qué consistió la experiencia de Damasco? ¿se trata de una aparición del resucitado como se había aparecido a los apóstoles, o más bien de una experiencia mística o extática de las que el mismo Pablo menciona en sus cartas y Lucas en el libro de los Hechos? La pregunta tiene su sentido ya que, como dice R. Fabris: “Desde ‘el siglo de las luces’ hasta nuestros días, el caso de la ‘conversión’ de Pablo ha sido objeto de multitud de análisis que tratan de confirmar hipótesis de experiencias psicosomáticas o, más aún, psicológicas y psicoanalíticas”.41                  

                                                                        

         Como comenta R. Fabris,42  esta imagen de Pablo derribado del caballo en el camino de Damasco se debe al informe de Hechos que bien tres veces nos narra el episodio de la repentina transformación de Pablo envuelto en una luz cegadora y oyendo una voz de Jesús de Nazaret que se dirige a él en hebreo y lo llama por su nombre hebreo-arameo: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”. Este relato se inspira en el esquema narrativo bíblico de la revelación de Dios a los antiguos patriarcas y profetas43  y hace de Pablo el protagonista de la misión de los testigos de Jesús: llegar hasta los confines de la tierra. Las cartas pastorales, por su parte, hacen de Pablo una figura ideal como apóstol y mártir proclamador del evangelio entre los paganos; las cartas auténticas, en cambio, son muchos más sobrias: de partida Pablo nunca habla de “conversión” cuando alude al acontecimiento de Damasco, nos habla de una “llamada de Dios”, a través de una especie de investidura en la cual Dios lo hace embajador suyo, o sea un “ministro y testigo” (Hch 26,16). Las reacciones del misterioso grupo que va con Pablo frente al fenómeno tienen diferentes versiones: todos oyen pero no ven a nadie, o ven la luz pero no escuchan la voz, o todos caen al suelo pero sólo Pablo oye la voz del cielo. Luego Pablo queda ciego y debe ser conducido de la mano a la ciudad, así permanece por tres días.

 

         Para Pablo, pues, se trata del momento inefable en que el Padre reveló en él a su Hijo Jesús (Ga 1,11-17; 1 Co 15,8-10); por lo mismo, sólo la gloria o la luz fulgurante,  serán imágenes capaces de expresar lo que vivió, convencido de llevar ese tesoro en vaso de barro (2 Co 4,6-7; 1 Tim 1,12). En cambio Lc nos conserva al menos tres relatos de la conversión de Pablo: uno amplio como parte de la secuencia histórica (Hch 9,1-19) y otros dos que forman parte de los mismos discursos de Pablo (ante los judíos de Jerusalén: 22,4-21; ante el gobernador Festo y el rey Agripa: 26,9-18). En los tres relatos queda patente que Pablo de perseguidor se transforma en predicador del mesianismo de Jesús (Hch 9,22). Estos tres relatos coinciden en lo esencial: una visión luminosa de tipo apocalíptico y una voz que interpreta el hecho: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”, un diálogo breve, ceguera temporal. A Pablo no le cabe duda alguna: Jesús resucitado se le ha hecho presente (1 Cor 9,1; 15,8). Pablo dice que vio a Jesús y por eso es “apóstol” (1 Co 9,1s.), es decir que una sola experiencia del Señor lo equipara a los demás apóstoles, los hermanos del Señor y al mismo Pedro (v.5). De todos modos tiene la modestia de ubicarse en el último puesto, como un “nacido fuera de tiempo” o como el “último de los apóstoles” (15,8), uno que con violencia “ha sido alcanzado por Cristo” (Flp 3,12).

 

         Nuestra información sobre la conversión de Pablo procede de estas tres narraciones ya mencionadas, éstas están llenas de detalles que contradicen lo parco con que Pablo cuenta su encuentro con el Señor Jesús. A pesar de las divergencias de lenguaje pertenecen al mismo género literario “vocación profética” de que está diseminado el AT. Lc al narrar la experiencia de Pablo ha tenido en cuenta este patrón: teofanía, caída por tierra, “rehabilitación” y palabras de envío. Efectivamente, cuando Lucas escribe este hecho cuenta con los textos veterotestamentarios referentes a Isaías y Jeremías (cf. Is 6,1-10; 42; Jr 1,4-10), los únicos profetas del AT enviados a predicar a los paganos. También a ellos alude Pablo cuando interpreta el acontecimiento: “Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia...” (Ga 1,15 // Is 49,1; Jr 1,5).

 

         El momento de Damasco es puntualmente breve pero deja en Pablo una marca indeleble: su vida quedará partida en un antes y un después, convertido en una creatura nueva y con ojos nuevos (2 Co 5,16s.), en él se produce un éxodo espiritual: desde el seno del judaísmo más ortodoxo llega a ser el predicador más entusiasta de Cristo resucitado; de ministro de la letra pasa a ser ministro del Espíritu, de perseguidor de los cristianos a misionero infatigable de la Iglesia.44 Este cambio es inesperado e impensable para Pablo: ha recibido el apostolado no por mediación humana sino directamente de Dios; le ha sido dado el conocimiento del Hijo de Dios y el mandato de anunciarlo a los paganos. A esto Pablo asiente inmediatamente, pero ¿podría haber algo más lejano o extraño que esto para un hombre obsesionado por la identidad judía?45

        

         No obstante, podríamos preguntarnos si ha habido realmente un brusco y radical cambio de vida, ya que Pablo seguirá siendo de hecho el mismo: enamorado de Dios, celoso de su causa, impaciente, intransigente y entusiasta. Pablo seguirá siendo intachable como antes (Flp 3,6). Sólo que el lugar que antes llenaba la Ley, ahora lo ocupa Cristo resucitado por lo cual dirá Pablo: “Porque lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y aún más: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas y las tengo por basura para ganar a Cristo” (Flp 3,8-9). El acontecimiento de Damasco le ha hecho ver la historia de un modo nuevo y esta novedad lo ha arrojado por tierra literalmente: Dios está de parte de los judeo-cristianos helenistas que él ha perseguido hasta ahora, ésos que se han apartado de la ley y comparten sus bienes espirituales con los incircuncisos; esto quiere decir que la ley judía no es camino de salvación, y los paganos pueden acceder a ella sin pasar por el judaísmo, sino sólo creyendo en Jesucristo.

 

         Ananías, seguramente un judeo-cristiano dirigente de la comunidad cristiana de Damasco, será el medio a través de cual Pablo se integrará a la nueva familia, donde inicia su predicación acerca de “Jesús el Hijo de Dios (Hch 9,20).  Luego del encuentro trascendente con el resucitado viene una etapa  poco conocida: se nos dice que parte a Arabia, 46 es decir a la Transjordania (Ga 1,17), los reinos de Palmira y de Nabatea. Va allí no en busca de soledad, sino para desarrollar junto a otros su acción misionera. Si el cristianismo había llegado a Damasco es mucho más probable que ya hubiera llegado a Petra, la capital del rey Aretas, más próxima a Jerusalén. Allí es perseguido por el rey Aretas IV (2 Co 11,32), el cual mediante su etnarca lo persigue hasta Damasco. Pablo entendió que la misión era apremiante, pero sus primeras expediciones misioneras fueron un fracaso. Este detalle no aparece en Hch, ya que para Lucas debe ser Pedro el que inicie el camino hacia los paganos (Hch 10).

 

         Después de regresar de Nabatea, y tras una breve permanencia en Damasco, emprende el viaje a Jerusalén “para conocer a Pedro” (Ga 1,18). Este encuentro resulta amistoso y fructífero para los dos líderes, y Pablo aprovecha esas dos semanas para exponer a los dos apóstoles de la capital sus trabajos y persecuciones, como “pruebas” de su apostolado. Comenta J. Sánchez: “No es difícil, pues, que  Pablo le hubiera contado a Pedro que Dios le había mostrado a su Hijo para que lo anunciara a los gentiles, y que Pedro aceptara esa decisión de Dios. Tampoco es difícil imaginar que Pedro le contó a Pablo una serie de recuerdos del Maestro. Porque no parece que la ocasión se prestara a hablar sólo del tiempo”.47

 

         Ante la desconfianza de la comunidad cristiana de Jerusalén, Bernabé es el que avala la autenticidad de la conversión de Pablo y lo presenta a los hermanos (Hch 9,26-30). Lucas nos dice que ve sólo a “Cefas”, o sea, Pedro, y a Santiago, el “hermano del Señor” y se queda  allí solamente quince días. Pablo y Bernabé son bien recibidos: han traído una colecta para la comunidad que pasa por una hambruna profetizada por Ágabo (Hch 11,28). Nos dice Lucas: “Bernabé y Saulo volvieron, una vez cumplido su ministerio en Jerusalén, trayéndose consigo Juan, por sobrenombre Marcos” (Hch 12,25).

 

 

Capítulo 1:

18.03.2013 11:20

¿Quién fue Pablo, el fariseo de Tarso?

1. Las fuentes informativas

 

         Ya muchos ha emprendido este trabajo de rastrear datos sobre la vida de Pablo.5 Las fuentes históricas que tenemos a disposición para reconstruir en lo sustantivo la figura de Pablo figuran en el NT: las mismas cartas atribuidas a Pablo y una gran parte del libro de los Hechos de los Apóstoles. “Dos fuentes independientes que se confirman y se complementan, a pesar de algunas divergencias de detalle”.6  Es claro que la discusión todavía está abierta sobre la vida y enseñanzas de Pablo ya que todo depende del valor que demos a estas dos fuentes.7  Otras obras posteriores caen en lo novelesco y fantasioso por lo que no merecen nuestro crédito.8  No obstante, debemos decir que aun las informaciones que el NT aporta sobre Pablo deben ser estudiadas críticamente ya que cada texto tiene una finalidad específica, pertenece a un género literario determinado y, en fin, ha tenido su Sitz im Leben irrepetible y fuertemente anclado en la cultura de su tiempo.

 

         a) Las siete Cartas. Por lo que se refiere a las cartas como fuentes informativas de primera mano conviene recordar brevísimamente algunas premisas: reconocemos tradicionalmente trece Cartas que la Iglesia ha atribuido a Pablo. Se excluye obviamente la Carta a los Hebreos por su estilo y temática totalmente lejanos de aquéllos de las cartas paulinas. Se pone en duda la paternidad paulina de las Cartas Pastorales: 1-2 Timoteo y Tito que corresponderían más bien a escritos pseudoepigráficos de la segunda generación.9  Entre la correspondencia de Pablo tenemos, pues, siete Cartas indiscutiblemente paulinas, a saber: Ro, 1-2 Co, Ga, Flp, 1 Ts y Flm. La Carta a los Efesios, “una de las obras más ricas y complejas del NT”,10  podría ser atribuida a un discípulo de Pablo que trata de actualizar la teología paulina en las circunstancias dolorosas que vive la comunidad cristiana por los años 70 d.C. La 2 Ts y Col están en discusión en este momento.

 

         Pablo es el principal informante sobre sí mismo en sus Cartas: aunque Pablo nunca nos diga en ellas que nació en Tarso, nos dice que era un judío cabal: “circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa y, por lo que toca a la ley, fariseo; si se trata de intolerancia, fui perseguidor de la Iglesia; si de la rectitud que propone la ley, era intachable” (Flp 3,5-6); que fue llamado a la fe en el camino de Damasco; que luego estuvo en Siria y Arabia; que después de tres años fue a Jerusalén por quince días para entrevistarse con Cefas-Pedro; que de allí partió a Siria y Cilicia donde ejerció su ministerio; después de catorce años volvió a Jerusalén para discutir con las “columnas” de la Iglesia madre (Santiago, Pedro, Juan) sobre los principios en los que se fundaba su apostolado entre los Gentiles; poco tiempo después se enfrenta con Pedro en Antioquía. Después tiene lugar una intensa actividad misionera por la costa y el interior de Asia Menor, Macedonia, Acaya; luego viaja a Jerusalén llevando la colecta que él había organizado para los pobres de la ciudad santa; pensaba ir a España desde Jerusalén pasando por Roma.

 

         b) Hechos de los Apóstoles. Lo primero que hay que tener en cuenta es que Hch no hace alusión alguna a las cartas de Pablo, y es curioso ya que Lucas escribe esta obra hacia el año 85, al menos treinta años después de la redacción de las cartas atribuidas con certeza a Pablo. Todo lo cual hace surgir la duda de si Lucas conoció realmente a Pablo.11  Es dable imaginar que en este lapso las circunstancias que describían las cartas habían cambiado sustancialmente.12  Por lo que concierne a Hechos como segunda fuente de información, tengamos en cuenta que esta obra lucana dedica a Pablo la mayor parte de su narración dándole el nombre semítico de Saulo. No obstante, hay que advertir la libertad literaria con que Lucas aborda el ministerio de Pablo -como lo había hecho con el de Jesús- ciñéndose a la habitual práctica historiográfica de su época. Por lo mismo, en caso de discordancia, la información de las Cartas prevalece sobre la de los Hechos.13

 

         Pablo nace en Tarso, importante por su numerosa población y su cultura.14    Una ciudad prestigiosa que sentía orgullo de sí misma: era “la ciudad grande y feliz”, según Jenofonte. Pablo, con un poco de vanidad, dirá un día al tribuno que lo confunde con un vulgar agitador egipcio: “Yo soy un judío, ciudadano de Tarso, ciudad bien conocida de Cilicia” (Hch 21,39). Situada estratégicamente en un cruce de vías en la llanura de Cilicia, protegida por las cimas del Tauro y unida al mar por el río Cidno, Tarso se preciaba de ser una de las capitales del comercio internacional y un centro de la cultura helénica. Allí se fundían en un sincretismo apasionante el arte de vivir griego con las ideas religiosas de oriente; el culto imperial con las religiones mistéricas y las magias de Atis y de Cibeles (Astarté).

 

         A. Brunot nos describe la mezcla de lo religoso en Tarso: “En cuanto a las formas religiosas que, al igual que en todos los puertos mediterráneos, se mezclaban en Tarso en un sincretismo tan apasionante como confuso, se desplegaban los desenfrenos místicos de las multitudes, al ritmo de flautas y tamboriles, ante la pira en la que cada año se quemaba al viejo Baal de Tarso, ante los taurobolios sagrados donde los adeptos de Mitra se aspergían con la sangre de la víctima, en el curso de las voluptuosas procesiones en honor del bello adolescente Adonis. Los bateleros y los comerciantes romanos, griegos, egipcios, españoles y cretenses, los marinos de Tracia y de Cartago, hombres de raza negra o de ojos rasgados circulaban por las calles o por los muelles del puerto. En esa ciudad cosmopolita el Dios verdadero no era desconocido. Atraídos por el comercio, había un gran número de judíos. Agrupados en comunidad en torno de una sinagoga, no vivían en ghetto, sino que se mezclaban en la vida pública en sus diversos aspectos, incluso en la administración misma, se hacían ardientes propagandistas del Judaísmo y trabajaban por la conquista espiritual del Imperio”.15  Pablo desde niño bebe de esta cultura de Tarso, y en este cruce de contrastes adquiere un espíritu abierto, multirracial; apasionado por el hombre, la ciudad, la sociedad, el derecho, los juegos del estadio y la disciplina militar, en suma, una cultura urbana que marca diferencia con la campestre de Jesús de Nazaret.

 

         Su nombre doble Saulo-Pablo (Shaul - PauloV), hebreo y griego, encarna el encuentro de dos mundos diferentes y complementarios. Es probable, como decía san Jerónimo, que su padres, de la secta farisea, provinieran de Galilea y, como lo dice Pablo, pertenecían a la tribu de Benjamín que en los orígenes de la monarquía israelita había aportado el primer rey: Saúl. Ese nombre, precisamente recibirá el pequeño tarsiota el día de su circuncisión.

 

2. Pablo, el ciudadano romano

 

         Por la colaboración que había prestado a los veteranos de guerra Tarso  tenía privilegios especiales: sus habitantes tenían la ciudadanía romana, por lo mismo Pablo es ciudadano romano por derecho, título que Pablo invocará cuando se enfrente con la autoridad romana (Hch 16,37; 22,25-29; 23,27). En Tarso  recibe su primera instrucción. La enseñanza primaria es expresada con la palabra griega anateqrammenoi, en cambio, la superior se revela en pepaideumenoV.  Más adelante recibirá su exquisita educación rabínica y farisaica en Jerusalén, en la escuela de Gamaliel (Hch 22,3; 5,34-39). Pablo recordará: “Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad” (Hch 22,3). En Jerusalén, donde tiene una hermana y un sobrino (Hch 23,16), vivirá mientras duren sus estudios, pero no se encontrará nunca con su contemporáneo Jesús de Nazaret. Jerusalén, desde antiguo, se había convertido en una especie de ciudad universitaria donde las familias burguesas enviaban a sus hijos a completar su formación religiosa. Así, a los pies del ilustre Gamaliel, Pablo se preparó para entrar en el mundo misterioso de la Biblia y en el complicado desafío de su exégesis e interpretación. Su lengua materna es el griego, con un buen conocimiento de la filosofía helénica, como se demuestra por sus escritos.

 

3. Pablo, el obrero

 

         Según la costumbre judía, Pablo se iniciará muy pronto en un oficio artesanal, en su caso, la fabricación de tiendas de pelo de cabra: skhnopoioV, profesión que mencionará varias veces: “trabajando día y noche para no ser gravoso a nadie” (1 Ts 2,9; cf. 2 Co 11,7-10). Cilicia, cuya capital es Tarso, tenía abundantes rebaños de cabras de pelo rudo con el cual se hacían las lonas, llamadas cilicios. Pablo trabajará en este oficio manual -tan despreciado por la cultura greco-romana- a lo largo de su vida complementando así su formación intelectual.16 En Hch 20,34 Pablo dirá con orgullo: “Ustedes saben que estas manos proveyeron a mis necesidades y a la de mis compañeros”. Excepcionalmente acepta ayudas de sus filipenses (Flp 4,15-16). 17

 

        

4. Personalidad de Pablo 18

 

          Si la actividad incesante de Pablo nos aparece nítida en los escritos, no es menos clara la mención a su carácter y  psicología. Se presenta según las circunstancias tímido, afectuoso, agresivo, temeroso, mordaz, descalificatorio, irónico, seguro de sí mismo y de su valor, humilde en su condición de “último” de los apóstoles. La inteligencia, la afectividad y la sensibilidad están en él bien dosificadas de manera de regir su entera actividad y relaciones. Todo sumado hace de Pablo un personaje profundamente humano.19

 

         La actividad tan variada y tan incesante de Pablo nos hace inducir que Pablo es un místico de la acción. Trabaja contra el tiempo como corriendo en un estadio tras una meta y olvidándose de lo que quedó atrás (Flp 3,14). Apasionado por Dios hace de él su centro vital, persiguiendo primero a los que él llama herejes y alejados de la Ley y, después de su conversión, predica a Jesucristo con igual pasión, celo y generosidad. Hace mención de todos sus trabajos, sufrimientos y gracias especiales20  no por un afán de sobresalir sino para mostrar con humildad que la gracia del Señor no es estéril en él (1 Cor 15,10; 2 Cor 11-12) y porque en sus debilidades se muestra el poder de Dios (2 Cor 12,5.9.10). La evangelización es para él un encargo del resucitado por lo mismo entrega el evangelio gratuitamente y con generosidad sin sacar de ello ningún provecho personal  (1 Cor 9,17-18). Pablo posee una gran sensibilidad: las persecuciones y calumnias de los enemigos lo hacen sufrir y reaccionar, pero lo que le importa no es su propio prestigio sino la buena marcha del evangelio; en tal caso es capaz de responder con violencia, con insultos y maldiciones (Flp 3,2.18-19), o con impaciencia como a los gálatas que quieren traicionar la fe (Ga 3,1-3). Frente a sus hermanos judíos, tanto los enfrenta y los enjuicia con vehemencia, cuanto les manifiesta su amor entrañable ofreciéndose él a ser “anatema” con tal de que se salven (Ro 9,2-3); con los corintios convertidos del paganismo muestra un cariño mayor: “me desgastaré con alegría por ustedes. Si los amo ¿seré menos amado? (2 Co12,15); o con un confiado abandono frente a los filipenses: “Hermanos míos queridos y añorados, gozo y corona mía, permanezcan firmes en el Señor, queridos” (Flp 4,1). Se trata de un amor fraterno y a la vez paternal, en la conciencia de haberlos engendrado por el evangelio a una vida nueva. Sólo es este amor a las iglesias lo que le retiene ante el deseo de morir y estar con Cristo (Flp 1,24). Pablo posee una tenacidad y perseverancia a toda prueba: nada lo puede detener en el camino del evangelio, ni la enfermedad ni la falta de dinero (Ga 4,14; 2 Cor 12,7), como nada lo puede separar del amor de Cristo (Ro 8,31-39). Pablo posee una notoria inteligencia que le permite usar en sus argumentaciones tanto la diatriba cínico-estoica cuanto las reglas rabínicas que probaban a partir de las Escrituras; se mueve cómodamente exponiendo conceptos abstractos pero no le  resulta tan sencillo cuando recurre a las metáforas típicas de los evangelios.21 Como dice la BJ: “A un corazón ardiente se une en él una inteligencia lúcida, lógica, exigente, solícita por exponer la fe según las necesidades de sus oyentes”.22

 

5. Cronología paulina 23

 

         Podemos situar el ministerio de Pablo entre los años 30 y 50/60 d.C. Jesús de Nazaret habría muerto en la Pascua del año 30 (Pilato gobierna entre el 26 y el 36 d.C.). La persecución de los cristianos en Damasco y la conversión de Pablo podría haber sucedido en los años 30/31 como fecha mínima y por los años 36/37 como fecha máxima. En todo caso muy cerca de los orígenes del cristianismo. Por lo que respecta al final del ministerio de Pablo tenemos su presencia en Corinto durante el proconsulado de Galión de Acaya, cuyo mandato su sitúa entre los años 50/52.

 

         Sobre este momento es importante una inscripción de Delfos, descubierta en 1905, que dice: “Tiberio Claudio César Augusto Germánico, soberano pontífice, en el año doce de su tribunado, 26 veces aclamado emperador, saluda a la ciudad de Delfos...mi amigo Lucio Julio Galión me informa...”. El emperador alude a Galión, el personaje ante el cual Pablo debe comparecer tras una permanencia de un año y medio en Corinto (Hch 18,12-17). La incripción está fechada entre enero y el 1 de agosto del año 52. Pablo debió presentarse ante este procónsul en la primavera del 52. Por lo mismo debió haber llegado a Corinto en el 50, inmediatamente después del concilio de Jerusalén, del año 48-49.

 

         Otra fecha que más adelante tendremos ocasión de contextualizar en el marco del apostolado de Pablo es la comparencia ante el procurador Antonio Félix (Hch 23,24; 24,1-27) y de Porcio Festo que le sucedió dos años más tarde. Este careo ante Félix debió ser en el año 57 ó 58. Siendo así las cosas, podemos datar el traslado de Pablo a Roma en los años 55/56 y su muerte en la urbe en el año 60. En el año 64 se data el incendio de Roma y la persecución de los cristianos bajo Nerón.24

 

6. Cronología de las Cartas

 

         Una datación bastante verosímil de las cartas paulinas auténticas nos la aporta S. Vidal.25

 

         Verano 50: Desde Corinto escribe la 1 Tes enviada por medio de los macedonios que están de visita;

         Verano 52: A raíz de la llegada de misioneros judaizantes a Galacia, Pablo escribe desde Efeso Ga y la envía por medio de Tito;

         Otoño 52: Pablo recibe en Efeso la visita de los corintios Estéfanas y sus acompañantes que le informan sobre la situación de Corinto, Pablo escribe Cor A26  y la envía con los visitantes;

         Primavera 53: Pablo en Efeso recibe una carta desde Corinto traída por “los de la casa de Cloe” que le cuentan acerca de problemas de la comunidad. Pablo escribe Cor B.27

         Verano 53: Timoteo de regreso a Efeso informa a Pablo de la llegada de opositores de Pablo a la comunidad de Corinto, Pablo reacciona y escribe Cor C;28

         Otoño 53: Después de una breve estadía en Corinto que termina en fracaso, Pablo regresa a Efeso y escribe Cor D29  que envía por medio de Tito que tiene además la misión de pacificar la comunidad. Luego tiene lugar la prisión de Pablo en Efeso.

         Fines de 53: Pablo en la cárcel agradece a los filipenses la ayuda económica que le han hecho llegar. Escribe Flp A.30

         Comienzos de 54: Epafrodito, el acompañante filipense de Pablo en la cárcel, cae enfermo, cuando ya está sano Pablo escribe Flp B31  y la envía con Epafrodito que regresa a Filipos.

         Durante la prisión en Efeso, el esclavo Onésimo de la comunidad de Colosas se escapa de la casa y Pablo lo escusa ante su dueño Filemón habiéndolo bautizado. En esta ocasión Pablo escribe Flm.

         Verano 54: Estando Pablo en Macedonia, recibe la visita de Tito que le trae buenas noticas de Corinto, Pablo escribe Cor E32  y la envía con Tito y los otros dos delegados de la colecta. Luego escribe Cor F33  que es una carta circular a las comunidades de Acaya y es enviada por los mismos delegados de la colecta en Acaya.

         Comienzos de 55: Pablo escribe Rom A34  que es una carta de comunicación y saludos a la comunidad de Efeso. Es llevada por Febe, la diaconisa de Cencreas.

         Primavera 55: Pablo escribe Rom B,35  una larga misiva dirigida a la comunidad de Roma.

 

San Pablo, el apostol de los Paganos

18.03.2013 11:17

INTRODUCCION

 

         Acercarse a Pablo es tomar contacto con una de las personalidades más ricas y complejas de las que se tenga conocimiento. En la crítica y en la tradición hay una sensación optimista envidiable de conocer acerca de Pablo un cúmulo de datos incuestionables que ya quisieran para sí otras áreas del mundo bíblico.1  Con razón la bibliografía  sobre Pablo crece año tras año tratando de abarcar la riqueza inagotable de su pensamiento y obra.2  Pablo de Tarso es el representante del pagano-cristianismo de la primera generación cristiana y el teólogo más eminente de todo el cristianismo primitivo, de allí que sea comprensible la influencia que tuvo en la historia del cristianismo hasta nuestros días. Como de ninguna personaje de la primitiva era cristiana tenemos tanta información dictada por él mismo, notas biográficas, reflexiones teológicas, itinerarios misioneros, respuestas pastorales a dificultades del más variado tipo en el seno de las nacientes comunidades, traducciones y adaptaciones del único mensaje de Cristo a los nuevos desafíos culturales. Detenerse en Pablo y su obra es tocar las propias raíces cristianas y esto es siempre un  servicio a la propia identidad de la Iglesia.

        

         Pero la abigarrada variedad de la vida y el pensamiento paulino tiene un centro y un eje solo: la persona de Jesucristo, centralidad que se constituye clave hermenéutica de toda la obra. B. Villegas comenta: “No andaremos muy lejos de la verdad si señalamos como lo más característico de Pablo su capacidad de concentrar en una sola dirección todas las energías de su ser. Antes de su vocación, la Ley constituía su vida; después, la persona de Cristo, el Crucificado resucitado, pasó a ser el eje, el centro de gravedad, la única y omnipresente razón de ser de su existencia”.3 Por ese contacto fontal y transformante con el resucitado Pablo es la expresión más acabada de la respuesta de la primitiva comunidad creyente a la misión de “hacer discípulos a todas las gentes”  (cf. Mt 28,19) adecuando el mensaje de Cristo a los pueblos paganos y liberando ese mensaje de todo lastre de judaísmo que pudiera empobrecer u opacar la asombrosa originalidad y eficacia de la salvación ofrecida por el Señor. De esa manera la obra de Pablo es un paradigma de lo que la Iglesia realiza hoy y siempre al servicio del mundo cuando toma en serio que “el amor de Cristo nos urge” (2 Co 5,14).4

 

         Como una sencilla guía de estudio -presuponiendo el contacto personal con los textos paulinos y una abundante lectura complementaria- proponemos a los alumnos: 1. Una primera parte dedicada a contactar la globalidad la vida y obra del Apóstol;  2. Una segunda parte para conocer a Pablo como autor literario y sus principales intuiciones teológicas que luego  han influido en la formulación de la doctrina de la Iglesia, y 3. Una parte final dedicada a algunos ejercicios de exégesis de textos paulinos para admirar de cerca  el talante literario de Pablo. 

 

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“El momento de mi partida es inminente” o los últimos años de Pablo                   “Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús” (Ga 6,17). Con estas palabras Pablo narra su existencia de apóstol íntimamente ligado a su...

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