Capitulo 3:
Primer viaje misionero de Pablo: de Antioquía a Corinto
Chipre, Panfilia, Licaonia (Hch 13-14): 1000 km. 48
Para reconstruir esta primera misión tenemos la información de Hechos y las secciones autobiográficas de las Cartas, pero estas fuentes “son como dos caminos que a veces corren paralelos y a veces se cruzan y sobrepasan, pero nunca coinciden”.49 Pero antes de entrar en los detalles del viaje de Pablo conviene destacar la originalidad y audacia del predicador: no teme a las grandes distancias entre un lugar y otro ni a la extensión de las provincias atendidas. Privilegia las ciudades romanas y centros importantes por su capacidad de influjo en las demás zonas secundarias. Tiene en la mira Roma y los confines del imperio: España (Ro 15,22-24). ¿La llegará a visitar? No elige la via de las ciudades costeras de Asia Menor donde había ya comunidades judías: Pérgamo, Esmirna, Efeso, Mileto, para poder decir luego que ha predicado donde ningún otro lo ha hecho antes (cf. Ro 15,20). Asegurando la comunión de doctrina con “las columnas de la Iglesia”, trabaja con independencia y planifica el futuro de las comunidades con un séquito de misioneros que lo acompañan y apoyan en su gestión.
Hechos nos informa de un cierto esquema de trabajo de Pablo y los primeros evangelizadores: a) Llegan la nueva localidad; b) Participan en los actos litúrgicos de la sinagoga para hablar de Jesucristo; c) Se producen algunos prodigios y surgen los primeros cristianos de esa ciudad; d) Los judíos se movilizan. Los misioneros son perseguidos, castigados, expulsados. Corinto es una excepción: Pablo se queda por largo tiempo; otra cosa es Tesalónica donde Pablo se queda sólo un mes y la comunidad crece de manera admirable aun sin la presencia de su fundador. Los filipenses lo visitan allí dos veces (¡150 km de distancia!) trayéndole ayuda económica. Esto sugiere una estancia más prolongada, tanto más si Pablo se pone a trabajar...
En el siglo I se sometieron a la férula romana las provincias de Bitinia, Cilicia y Siria. Con Augusto se incorpora el centro de Asia Menor recibiendo el nombre de Galacia;50 bajo Claudio le toca el turno a Licia y Panfilia, de manera que durante la actividad de Pablo la conquista del oriente griego por parte de Roma está prácticamente terminada. La unidad y paz romana, preparadas ya por las conquistas de Alejandro, eran un hecho en la admirable organización del imperio: las carreteras bien conservadas y seguras favorecían los viajes de uno al otro extremo: procuradores y funcionarios, peregrinos, enfermos y devotos de Asclepio (o Esculapio) en Epidauro y otros santuarios; médicos, oradores, sofistas, estudiantes, predicadores, monjes mendigos de Cibeles, profetas, adivinos y charlatanes. El tráfico marino era igualmente intenso en todo el Mediterráneo, desde Egipto a Asia Menor, de Siria a Italia. Los puertos más famosos disputaban su hegemonía: Alejandría, Efeso, Corinto, Tesalónica o Rodas. Este es el mundo de Pablo, efervescente de comunicaciones y desplazamientos humanos, con su consecuencias lógicas de intercambio de ideas y de una progresiva visión unitaria del mundo. La larga serie de desgracias ocurridas en Palestina había obligado desde hacía bastante tiempo a muchos judíos a buscar nuevos horizontes y nuevas patrias en el vasto abanico greco-romano, lo que se llamó la diáspora. Se sentían ligados a Jerusalén pero tenían su organización religiosa en torno a alguna sinagoga. Es lo que sucedió con muchos judeo-cristianos a raíz de las persecuciones contemporáneas al martirio del diácono Esteban (año 34): emigran a la provincia romana de Siria, más concretamente a Antioquía, la ciudad del Orontes, tercera ciudad del imperio después de Roma y Alejandría.51
Antioquía, la antigua capital de los Seléucidas, se había convertido por este tiempo en sede de una comunidad cristiana inquieta y con una gran sensibilidad por la evangelización de los paganos (Hch 11,25-26). Después de su conversión y su visita a la Iglesia madre de Jerusalén, Pablo pasa un tiempo en Tarso. Aunque no sabemos de su trabajo allí colegimos que no estuvo inactivo ya que según el texto ya citado es Bernabé el que va a Tarso a buscar a Pablo y lo integra a su trabajo docente (didaskein) en Antioquía. Allí se prepara Pablo durante un año para su misión entre paganos.
“En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos (cristianoi)” (Hch 11,26), esto es, seguidores o partidarios de “Cristo”, considerado como nombre propio. Tal nombre, evidentemente no proviene del ámbito judío sido del greco-pagano. Así cuenta Lucas el inicio de la comunidad cristiana en esta importante ciudad. Antioquía es, en el tiempo de Pablo, una gran metrópoli rival de Alejandría, centro importante de comunicaciones y rutas. Había sido fundada por Seleuco I Nicátor. Ahora, con medio millón de habitantes, era centro de la administración romana52 y centro estratégico de las comunicaciones entre Occidente y el Cercano Oriente. A esta ciudad habían llegado los cristianos escapando de la persecución judía que había culminado con la muerte de Esteban y poco a poco fue consolidándose allí una floreciente comunidad ecuménica y bilingüe: formada por judíos y paganos convertidos que contaba con cierta autonomía, como en Alejandría. Pablo elige, pues, esta ciudad cosmopolita como sede de su apostolado y punto de partida de sus andanzas misioneras.
Lucas, que era oriundo de Antioquía, nos narra con detalles la vida de la comunidad de Antioquía, sus autoridades, profetas y maestros (Hch 13,1-3), y cómo un día, estando en oración y ayuno, el Espíritu hace la convocación a Bernabé y Saulo para una obra especial. Estamos en el año 46.53 Antioquía es una comunidad que siente el impulso del Espíritu que suscita un proyecto ambicioso: la conquista del mundo pagano. Muchos gentiles piden el bautismo porque el cristianismo ha llegado más allá de las fronteras de Israel llevado por el mundo cambiante y móvil de los comerciantes, viajeros y soldados. A esto se ha agregado el éxodo de muchos que huyen de Judea y buscan mejores horizontes para vivir y hacer crecer “el Camino”. En medio de esta efervescencia religiosa se entiende la decisión de la comunidad en oración que oye al Espíritu que le dice: “Sepárenme ya a Bernabé y Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hch 13,2). En ese momento las autoridades les impusieron las manos y los enviaron. Es tan importante este momento de investidura que luego se dirá: “Con esta misión del Espíritu Santo fueron a Seleucia, desde donde se embarcaron para Chipre” (Hch 13,4). A Pablo (con este nombre griego será conocido en adelante) y Bernabé se une en esta expedición Juan Marcos, primo de este último, y que tiene el cargo o título de uphrethV (ayudante o ministro). Si la orden de Jesús “serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria” ya había tenido lugar, ahora se iniciaba la segunda parte: “hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8), ¡dejando atrás Italia, hasta España, el extremo occidental!
Un día de primavera54 la comunidad antioquena acompaña a los misioneros hasta el puerto de Seleucia, a unos 25 kms. Desde allí navegan a la isla de Chipre, la patria de Bernabé (Hch 4,36) desembarcando en el gran puerto comercial de Salamina. En la isla había una comunidad judía importante y es en sus sinagogas donde Pablo predicará como de costumbre dando la prioridad a la evangelización de los judíos. Sólo después del rechazo oficial se dirigirá a los gentiles (Hch 13,46). El destino es ahora la capital de la isla, la ciudad portuaria de Pafos. Allí Pablo tiene dos encuentros importantes: con el procónsul Sergio Paulo y con Bar Jesús, apodado Elimas, un mago55 de origen judío que desorienta a la gente y estorba la fe incipiente del magistrado romano. Este viene a la fe gracias a la intercesión de Pablo que maldice al mago dejándolo ciego (Hch 13,10-12). De este modo Pablo, con la fuerza del Espíritu echa por tierra el prestigio y el negocio de la magia oriental. A partir de la conversión del procónsul, Pablo será en adelante el jefe de la expedición y será nombrado por Lucas antes que Bernabé. Este suceso de Pafos nos ilustra de la situación religiosa de ese tiempo: la afición por las ciencias ocultas dejando de lado el racionalismo griego y el culto imperial. Los más inquietos optaban por los cultos mistéricos y la astrología. Los judíos, alejándose de la ortodoxia, también caían en esta tentación.
La navegación comienza a hacerse problemática con la llegada del invierno, de forma que el único destino será el puerto protegido de Atalia (hoy Antalia). No se quedan allí mucho tiempo y se dirigen a Perge, la antigua capital religiosa de Panfilia.56 Perge era sede del culto a Artemisa, culto que disputaba en grandeza con Efeso. Pablo pasa con prisa por esta ciudad y con sus compañeros se dirige directamente hacia las altas mesetas, sin detenerse en Panfilia. En esta breve estadía en Perge tiene lugar un curioso conflicto con Juan Marcos. No sabemos los detalles de la disensión que hubo con el joven Juan Marcos, quizá tuvo miedo por las dificultades de la vida misionera, quizá se distanció de Pablo a causa de su vieja amistad y admiración por Cefas, lo cierto es que en este punto deserta del grupo y hará que haya entre Pablo y Bernabé una disensión (paroxismo~) y que las relaciones entre ambos no sean ya tan cordiales, como luego veremos. El autor de Hechos suaviza la situación y dice simplemente: “Juan los dejó y se volvió a Jerusalén” (Hch 13,13b).
Desde Perge, famosa por su estadio, el más grande de toda Asia Menor, se dirigen a Antioquía de Pisidia, a 260 km de allí, en la región de los lagos.57 Augusto acababa de convertir esta ciudad en una colonia romana de derecho itálico, su nombre oficial será Cæsarea Antiochia. Los misioneros atraviesan la peligrosa ruta a través de los desfiladros del Tauro, famoso por los salteadores (cf. Co 11,26) y llegan a su destino. Antioquía de Pisidia se alzaba al norte del Tauro sobre una alta meseta. Allí toman contacto con la comunidad judía y Pablo, haciendo una señal como los oradores, pronuncia un discurso programático. Aquí Lucas expone los contenidos ordinarios del mensaje de Pablo en un esquema ideal para ambientes de la diáspora judía (Hch 13,16b-41: resumen de la historia de la salvación, Pascua de Cristo, Mesías verdadero, doctrina paulina de la justificación por la fe, exhortación final) y la acogida que despierta esta predicación en los oyentes. Si el discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret estaba dirigida exclusivamente a judíos, los discursos de Pablo tendrán como auditorio una masa muy variada: judíos, prosélitos, “temerosos de Dios” (Hch 13,16), y un número abundante de mujeres. El éxito de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia despierta inquietud y envidia entre los judíos de la ciudad y promueven un rechazo a los misioneros. Esta oposicion hará que Pablo se dirija en adelante preferentemente a paganos: “Era necesario anunciarles a ustedes en primer lugar la Palabra de Dios pero ya que ustedes la rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, miren que nos volvemos a los gentiles” (Hch 13,46). La misión en Antioquía de Pisidia dura cerca de un año.
Se van entonces a Licaonia, país muy parecido al que acaban de recorrer y compuesto principalmente por nómadas muy poco helenizados. Efectivamente, el mismo Lucas nos dirá que todavía hablan en el dialecto licaonio (Hch 14,11). Atravesando en algunos días los 140 km. de distancia de Antioquía, los apóstoles llegan a la ciudad de Iconio.58 Allí muchos judíos y griegos abrazan la fe. Se da aquí también la oposición -esta vez más violenta- de los judíos, por lo cual deben irse a las ciudades de Listra y Derbe. La ciudad de Listra,59 ubicada en los confines de Licaonia, a 40 km. al sur de Iconio, es la patria de Timoteo y les depara una experiencia inusual que pone de relieve la sencilla credulidad licaoniana:60 después de la curación de un cojo de nacimiento, la gente los venera como si fueran dioses aparecidos en forma humana: a Bernabé lo consideran Zeus, el dios del Olimpo, y Pablo le llaman Hermes, porque les dirige la palabra (Hch 14,8-18).61 Ante el propósito de ofrecerles un sacrificio, Pablo y Bernabé a duras penas los hacen desistir de ese error tragicómico. A los oyentes de Listra no se les habla de la historia de la salvación que no habrían entendido, sino del Dios vivo, creador del universo y autor de toda posible bendición y alegría (Hch 14,15-17). La predicación no ha resultado como se esperaba pero conocen a Timoteo, un joven tímido pero de fe sólida que más adelante se incorporará al grupo de misioneros itinerantes.
Por instigación de judíos de Antioquía y de Iconio, ciudades recién visitadas, Pablo es linchado, tirado fuera de la ciudad, dándosele por muerto (Hch 14,19). La comunidad que ya se prepara para un funeral, se da cuenta con sorpresa de que aún vive; los discípulos le curan las heridas y lo entran a la ciudad, pero advierten que no es prudente que Pablo permanezca allí, debe escapar. Al otro día, todavía no repuesto de la golpiza, Pablo acompañado por Bernabé deberá recorrer los 40 km. que lo separan de Derbe, en la vertiente norte del Tauro ciliciano. Allí hacen muchos discípulos. En la carta deuteropaulina a Timoteo se recordarán detalles de estas peripecias: “Tú, en cambio, me has seguido asiduamente en mis enseñanzas, conducta, planes, fe, paciencia, caridad, constancia, en mis persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquía, en Iconio, en Listra. ¡Qué persecuciones hube de sufrir! Y de todas me libró el Señor” (2 Tim 3,10-11; cf. 2 Co 11,22-27). Los misioneros se quedan en Derbe una temporada bastante larga donde Pablo se recupera de sus heridas. Este tiempo de convalecencia da pie a una detenida evangelización y les permite “conseguir bastantes discípulos” (Hch 14,21). Derbe dista poco de Tarso, la patria de Pablo, donde éste podría haber encontrado un poco de sosiego, pero Pablo no busca su propia comodidad sino la “solicitud por las iglesias”. En el camino de regreso, venciendo el miedo natural, visitan otra vez Listra, Iconio y Antioquía designando presbíteros para el crecimiento y atención de las nacientes comunidades. Se detienen en Pisidia y luego alcanzan Perge, punto de partida de la primera campaña anatólica. Bajando a Atalia se embarcan con destino a Seleucia, bordeando las costas de Cilicia infectada de piratas y bandoleros,62 para desde allí encaminarse a Antioquía de Siria de donde habían partido. A su regreso cuentan a sus compañeros “cuanto Dios había hecho conjuntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles el camino de la fe” (Hch 14,27).
Esta primera misión, aunque quedara limitada a unas regiones relativamente poco importantes, logra resultados de gran importancia: el evangelio es predicado por primera vez a los gentiles abriendo un nuevo horizonte al cristianismo: no se trata ya de conversiones individuales sino de verdaderas comunidades nuevas, nacidas fuera del ámbito judío, que se irán consolidando paulatinamente; por lo que refiere a los judíos convertidos, éstos se van liberando de las ataduras de su antigua religión legalista y sus instituciones, para entrar en la ley del Espíritu de libertad aportada por el mensaje de Jesucristo.
A su llegada a Antioquía Pablo y Bernabé encontrarán a la comunidad intrincada en una dificultad: la controversia sobre la circuncisión, que es dirimida con sabiduría por Pedro y Santiago desde Jerusalén. Pablo y Bernabé viajan a la ciudad santa “a tratar la cuestión” con los apóstoles (Hch 15,2). Resultado: en adelante no se les exigirá a los nuevos convertidos del paganismo ese rito judío sino sólo la adhesión a Jesucristo por la fe. Esta controversia suscitada por judeocristianos que quieren someter a los cristianos convertidos del paganismo a la observancia de la ley y la circuncisión sucede, según A. Méhat,63 en varias fases, aunque sea difícil ordenarlas cronológicamente: a) llegada de los cristianos de Judea a Antioquía (Hch 15,1); b) varios encuentros en Jerusalén de los delegados de las Iglesias de la diáspora con los apóstoles y ancianos. Al final el concilio emite el decreto liberando a los heleno-cristianos de las observancias judaicas y de la circuncisión y mantiene solamente la prohibición de la idolatría, de los animales estrangulados o consagrados a los ídolos y de las uniones matrimoniales ilícitas (Hch 15,22-35); c) altercado en Antioquía entre Pedro y Pablo. Al final parece que Pedro da la razón a Pablo (Ga 2,11-21); d) Un conflicto análogo hace que Pablo escriba la carta a los Gálatas a los cuales se les quería imponer la circuncisión. Este problema judaizante será constante, se encuentra en 2 Co 11,21-23; 3,1-18 y en las cartas pastorales: Ti 1,10; 3,9; 1 Tim 1,7.