Capitulo 8:
1ª-2 Tesalonicenses, Una comunidad alternativa 120
I- Nivel histórico
Para Pablo las rutas imperiales ejercían una fascinación especial y fue en torno a ellas o a lo largo de ellas que fue difundiendo el evangelio de Jesucristo. Estas rutas unían las principales ciudades de las que él se preocupó dejando la periferia al trabajo ulterior de los evangelizados. Junto a los puertos como Corinto y Efeso la historia de Pablo está ligada a dos grandes rutas terrestres: “el camino común” que conducía de Antioquía hasta Occidente del Asia Menor y la “Via Egnatia”, principal ruta entre Roma y Oriente. Ésta, partiendo de dos puertos de la actual Albania, llegaba hasta Bizancio después de atravesar Tesalónica y Filipos.
Tesalónica (hoy Salónica) era uno de los principales centros comerciales de la Grecia romana. Hecha capital de una de las regiones de Macedonia en 167 a.C., fue promovida a capital de la provincia entera en 146 a.C. Bajo el dominio romano conservó sus características helénicas en su forma de gobierno con una asamblea de ciudadanos, derecho a acuñar monedas y exclusión de guarniciones militares romanas dentro de las murallas. Poseía una importante industria de tintura de púrpura lo que favoreció una población cosmopolita. Sobre la estancia de Pablo en Tesalónica tenemos testimonios de primera mano: Hch 17,1-9; 1 Ts 2,1-2; Flp 4,16; 2 Cor 8,1-6; 11,8s.; Ro 15,26.
1.Tiempo y ocasión de 1 Ts. Pablo informa que ha llegado a Tesalónica “después de haber padecido sufrimientos e injurias en Filipos” (1 Ts 2,2; cf. Hch 16,19-24), otra ciudad de Macedonia. Su partida de Tesalónica se ha debido a la persecución suscitada por los judíos que le impiden “hablar a los gentiles para que se salven” (2 Ts 2,14-16). Esto nos hace suponer que la comunidad está formada fundamental y étnicamente por no judíos. Se trataría de un grupo de artesanos, por ello las repetidas alusiones al trabajo. Ahora está en Atenas. Es aquí donde recibe noticias preocupantes de la situación de la comunidad de Tesalónica. Inmediatamente envía a Timoteo a verificar lo que pasa (1 Ts 3,1-2a).121 Al regreso de éste, ya en Corinto, Pablo se dispone a escribir a los tesalonicenses una carta para darles aliento y consuelo. Basados en la inscripción de Delfos que ya hemos comentado podemos datar esta carta en el año 51. La correspondencia a los cristianos de Tesalónica es la primera de Pablo y en absoluto el primer escrito del NT, por lo mismo su importancia reside en que podemos advertir allí el primer testimonio escrito de una Iglesia local y conocer su credo, a sólo veinte años de la muerte del Señor.122 Tesalónica está regida por este tiempo por politarcas, o sea, magistrados colegiados para gobernar la ciudad (Hch 17,6.8), como está confirmado por la arqueología.123 El ambiente religioso pagano reinante por este tiempo en Tesalonica es de una gran actividad: la arqueología nos ha aportado 23 divinidades veneradas en la ciudad. Esto justifica la frase de Pablo: “ustedes se convirtieron a Dios tras haber abandonado los ídolos” (1 Ts 1,9) y su insistencia en la “santidad” especificando el aspecto de la “pureza” (1 Ts 4,3-8). Para Pablo es claro que la fe cristiana implica una vida diferente (1 Ts 4,5.13; 5,5; 2 Ts 2,13) que puede originar una fractura respecto del ambiente reinante.
2. La segunda generación de Tesalónica. En la 2 Ts reaparecen artificiosamente los términos y fórmulas de la primera carta, pero con la diferencia del tono que ya es impersonal y los temas tratados tienen un enfoque diverso: la venida del Señor se trata de forma “dualística” y el aliento a los cristianos toma la forma de advertencia ante el juicio final. Si se colocó bajo el nombre de Pablo fue por efecto de la frecuente “pseudonimia”, y para encontrar una respuesta prestigiosa a situaciones similares a las de la primera carta. En efecto, la 2 Ts es posiblemente obra de algún jefe de comunidad cristiana profundamente imbuido en el pensamiento de Pablo que quiso corregir una falsa comprensión de la parusía.124 No obstante, negar la autenticidad de la 2 Ts no implica poner en tela de juicio su valor teológico. De hecho esta carta jugó siempre un papel significativo en la historia de la Iglesia atacando de frente una suerte de actitud evasiva del cristiano de cara a su compromiso temporal.
El tema de la venida del Señor que se trata aquí prevé un futuro diversificado: consuelo para los creyentes y ruina eterna para los incrédulos. La carta responde a una situación muy particular que está viviendo la comunidad: confusión y alarmismo ante la proximidad de la parusía que paralizan el compromiso y desentienden a los cristianos de sus trabajos ordinarios. Veamos en conjunto las dos cartas.
II- Nivel literario
1. Los géneros utilizados. Se puede apreciar en ambas cartas una fuerte constante en cuanto a la fórmula inicial: se consigna el nombre del remitente, o más bien, de los remitentes: “Pablo, Silvano y Timoteo” (se omite el título de apóstol”), y el del destinatario: “a la Iglesia de los Tesalonicenses” (1 Ts 1,1; 2 Ts 1,1). A esto sigue la fórmula de saludo presente en las dos cartas: cariV umin kai eirhnh, “Gracia y paz a ustedes”, sólo que la 2 Ts es ampliado con la alusión de “Dios Padre y del Señor Jesucristo” (2 Ts 1,2). Sigue en ambas la acción de gracias y felicitación: “En todo momento damos gracias Dios por todos ustedes”; “Tenemos que dar en todo tiempo gracias a Dios por ustedes”. Los adverbios de tiempo son recurrentes en esta sección: pantote, siempre; adialeiptwV, constantemente. La razón de esta congratulación es la tríada: la obra de la fe de ustedes, los trabajos de su caridad y la tenacidad de su esperanza (1 Ts 1,3). Para la 2 Ts que no nombra la esperanza, es la upomonh, la paciencia, el tercer término (2 Ts 1,4). Los tres aspectos básicos de la fe cristiana aparecen señalados: a) Dios Padre ha resucitado a su Hijo Jesús; b) Jesús vendrá, y c) Jesús nos librará de la ira venidera. Esto le da a la existencia cristiana un tono eminentemente escatológico (1 Ts 1,10). Llama un tanto la atención lo desmesuradamente extenso de este agradecimiento inicial (1 Ts 1,2-10; 2 Ts 1,3-12) y la presencia de un lenguaje afectuoso que corresponde a la estrecha relación de Pablo con la comunidad. Todos estos detalles rompen el estereotipo epistolar usual.
El Leitmotiv de estos dos escritos es la apocalíptica que, siendo frecuente en la correspondencia paulina, aquí tiene una verdadera concentración temática (1 Ts 4,13-5,11; 2 Ts 2,1-12; 1 Cor 15,12-53). La 1 Ts es escrita a tan corta distancia de la salida de Pablo de la ciudad del Orontes que conserva el sabor antioqueno y puede ser considerada con justicia el testigo más relevante de la teología de la misión antioquena. En esta carta Pablo se encuentra con un problema concreto: algunos hermanos de la comunidad han muerto y la reacción parece ser entre los tesalonicenses la misma que los paganos (1 Ts 4,13), por eso Pablo trata de explicar la situación desde la fe, lo hace en dos puntos: a) en la fe en Cristo muerto y resucitado el creyente sabe que también él un día resucitará para ir al encuentro del Señor; b) pero en lo referente al cuándo de la venida del Señor hay un total misterio: no lo sabemos. En esta incerteza el creyente adopta la actitud de vigilante espera (1 Ts 5,1-11).
En la 2 Ts, desde el inicio, en la fórmula de agradecimiento, el aspecto escatológico es ampliado exageradamente y apoyado con citaciones del AT (2 Ts 1,8-10.12).125 Parece que también aquí se parte de una situación concreta: la gente está asustada ante una pronta Venida del Señor. Pablo rechaza ampliamente esta posibilidad: “No se dejen alterar tan fácilmente en sus ánimos, ni se alarmen por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que les haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie se engañe de ninguna manera” (2 Ts 2,1-3a). Pablo se limita a recordar los signos de la Venida del Señor: primero debe producirse la apostasía y manifestarse en toda su virulencia el poder del mal o el misterio de la impiedad, hipostasiado en el Hombre impío, el Hijo de la perdición o el Adversario (2 Ts 2,3). Los creyentes mientras tanto deben vivir en la fidelidad a las tradiciones recibidas y en la esperanza de lograr la gloria del Señor (2 Ts 2,13-17).
Las dos cartas tienen como objetivo consolar a la comunidad angustiada por el presente en que parece triunfar el mal sobre el bien y la fe titubea en las persecuciones. El talante de estas cartas es animar a los cristianos a mostrarse valientes y dar testimonio en medio de las dificultades poniendo su confianza en la providencia de Dios que dirige la historia a un fin dichoso venciendo las fuerzas del Mal.
2. Las expresiones más elocuentes. Con frecuencia aparece “noche y día” como característica del trabajo de Pablo (1 Ts 2,9; 2 Ts 3,8) y del incesante deseo del Apóstol de ver a los discípulos (1 Ts 3,10). Pero el uso más llamativo se da en 1 Ts 5 en un contexto apocalíptico. Aquí nux, “noche”, hace alusión a lo arriesgado o inesperado de la parusía: “el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche” (1 Ts 5,2), frase de fuerte sabor sinóptico (cf. Mt 24,43; Lc 21,34-36); “los que se embriagan lo hacen de noche” (1 Ts 5,7). Por el contrario los cristianos son la comunidad alternativa: “pero ustedes son hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Ts 5,5), con esto noche y tinieblas adquieren el sentido de oscuridad moral.
También son familiares los conceptos qlibw “atribular” o qliyiV: “tribulación”: “abrazando la Palabra...en medio de muchas tribulaciones” (1 Ts 1,6); “para que nadie vacile en esas tribulaciones” (1 Ts 3,3); “ya cuando estábamos con ustedes les predecíamos que íbamos a sufrir tribulaciones (1 Ts 3,4); “hemos recibido de ustedes un gran consuelo...en medio de nuestras tribulaciones” (1 Ts 3,7); “nos gloriamos de ustedes...por la tenacidad y la fe en todas las persecuciones y tribulaciones que están pasando” (2 Ts 1,4); “porque es propio de la justicia de Dios pagar con tribulación a los que los atribulan, y a ustedes los atribulados, con el descanso junto con nosotros cuando el Señor se revele” (2 Ts 1,6-7). La 2 Ts insiste en un esquema dualista en que las tribulaciones entran en la teología de la retribución final: mientras las tribulaciones pasajeras sirven a los elegidos para probar la fe, a los que se pierden les espera la tribulación total.
Es llamativa la recurrencia del vocablo kurioV, “Señor”, en la 1 Ts. Lo que es común en las cartas de mayor respiro como 1 Cor, Ro y Ef, aparece en este escrito como una característica notable: desde el primer versículo (1,1) al último (5,28) este título de la cristología rige todo el escrito. Se habla de la próxima venida del Señor: emprosqen tou kuriou hmwn Ihsou en th autou parousia (2,19; 3,13; 4,15; 5,23); su “Día” (5,2), su descenso del cielo (4,16), su venganza (4,6). Como una perspectiva consoladora para el futuro se dice que “estaremos siempre con el Señor” (4,17); con la esperanza puesta en él (1,3), porque sólo él puede hacer progresar y sobreabundar en el amor fraterno (3,12) y darnos la salvación (5,9). No se olvida que ese KurioV es Jesús que fue condenado a muerte (2,15), al cual hay que imitar (1,6), y en el cual hay que permanecer (3,8); la autoridad de Pablo (4,1), como la de los que presiden la comunidad (5,12) se apoya en el Señor; también las instrucciones del Apóstol (4,2), son una palabra del Señor (4,15); por eso Pablo exhorta en nombre del Señor (5,27). Por lo que se refiere a la 2 Ts, la presencia de kurioV está bien asentada con 22 recurrencias.
La palabra adelfoi, hermanos, empleada masivamente (en 1 Ts aparece 17 veces) crea un notorio ámbito de comunión y familiaridad. A esto se añaden las imágenes elocuentes de la madre: “nos mostramos amables con ustedes, como una madre cuida con cariño de sus hijos” (1,7), o la del padre: “como un padre a sus hijos, lo saben ustedes bien, a cada uno de ustedes los exhortábamos y alentábamos...” (1,11-12a).
En la 2 Ts, que pertenece a la segunda generación, se hace necesario insistir en la fidelidad de la comunidad de Tesalónica a las tradiciones recibidas de Pablo de viva voz o por carta (2,15). Una de esa tradiciones es la obligación de trabajar, Pablo se remite a su propio ejemplo (3,8) contraponiéndolo al comportamiento de algunos de la comunidad (3,11) a los que les da un consejo cargado de ironía: “si alguno no quiere trabajar que tampoco coma” (3,10).
Pero es sin duda el elemento apocalíptico lo más llamativo de esta segunda carta. Los términos revelación - manifestación aparecen frecuentemente. Se trata de la apokaluyiV tou kuriou Ihsou, “revelación del Señor Jesús” (1,7), pero también se nos habla de la revelación - manifestación del Hombre de iniquidad (2,3; cf. 2,6.8). En este contexto se nos habla de dos Parusías o Venidas-Presencias contrapuestas: la del impío (2,9) y la del Señor (2,8) que destruirá aquélla.
III. Nivel Teológico
1. La misión en un mundo hostil. Repetidamente se menciona la brecha entre los cristianos y “los de fuera” (1 Ts 4,12) que son definidos como los que no conocen a Dios (1 Ts 4,5). La entrada de los tesalonicenses a la fe se operó tiempo atrás cuando, dejando los ídolos, se dispusieron a servir al Dios vivo y verdadero (1 Ts 1,9). Este lenguaje deja a las claras la mala percepción que tiene la sociedad externa. Con un típico lenguaje qumraniano se dice que los cristianos, como hijos de la luz, están enfrentados con los hijos de las tinieblas (1 Ts 5,5). Esto da cuenta de la hostilidad ambiental en la que se mueve la comunidad defendiéndose de los judíos, que reciben una trágica apelación: “los que dieron muerte al Señor” (1 Ts 2,15). En un claro dualismo soteriológico, el trabajo de Pablo aparece contrarrestado por la acción del Maligno: “Por eso quisimos ir a ustedes -yo mismo, Pablo, lo intenté una y otra vez- pero Satanás nos lo impidió” (1 Ts 2,18); “Por lo cual también yo, no pudiendo soportar ya más, les envié (a Timoteo) para tener noticias de la fe de ustedes, no fuera que el Tentador los hubiera tentado y que nuestro trabajo quedara reducido a nada” (1 Ts 3,5). A pesar de todo, el cristiano no rompe con el mundo externo como en Qumrân, la misión, por el contrario, sigue siendo “predicar a los gentiles para que se salven” (1 Ts 2,16).
2. Una comunidad solidaria. La referencia al mundo hostil no hace más que fortalecer los lazos internos de la comunidad. Efectivamente los hace una comunidad de “hermanos queridos de Dios” (1 Ts 1,4) unidos por la misma elección (ibid.). Esta fraternidad es capaz de atravesar las fronteras y de relacionar a los fieles de Tesalónica con los creyentes “no sólo en Macedonia y Acaya sino por todas partes” (1 Ts 1,7-8), incluidas las “Iglesias de Dios que están en Judea” (1 Ts 2,14). Esta actitud está asegurada por el horizonte familiar de un Dios Padre que hace posibles nuevos vínculos como el amor recíproco (1 Ts 3,12; 4,9), la búsqueda del bien (1 Ts 5,15) y el mutuo consuelo (1 Ts 4,18; 5,11).
3. La espera, eje de la vida cristiana. Ya desde el inicio de la carta, los tesalonicenses son felicitados por “la tenacidad de su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor” (1 Ts 1,3), y hacia el final de la carta se les recomienda revestir “la coraza de la fe y la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación” (1 Ts 5,8: aparece la tríada pistiV, agaph, elpiV.). Para el autor la esperanza es la marca del cristiano frente a aquéllos que no la poseen (4,13). Sólo desde ella pueden ser comprendidas las tribulaciones presentes y sólo desde ella puede ser correctamente vivida la solidaridad eclesial. La esperanza es la que hace vivir con sosiego el misterio de la muerte, incluso aquélla acontecida antes de la Venida del Señor (1 Ts 4,15-17). Esta Venida del Señor urge al cristiano una santidad irreprochable (1 Ts 3,13; 4,3-5; 4,6a) que lo hace inmune ante la Cólera venidera (1 Ts 1,10).
Podemos decir que esta esperanza operosa es el antípoda de la actitud alarmista y descomprometida presente en la 2 Ts. En tiempo de turbación no basta la expectativa respecto al futuro. Es necesario un compromiso espiritual y práctico que se refleje en una firme adhesión a la tradición y, a través de ella, a la Palabra del Señor. Cierta esperanza ante la Parusía puede ofrecer el riesgo de modelar una existencia cristiana totalmente pasiva y parasitaria. Se hace necesario, por tanto, recordar el ejemplo y la enseñanza de Pablo respecto a la obligación del trabajo (2 Ts 3,7-9). Por lo tanto, el doble juicio de Dios sirve, por una parte, de aniquilamiento de los malvados, pero lleva al mismo tiempo a delimitar dentro de la comunidad las diferencias existentes entre una esperanza definida por la constancia y el amor mutuo, por un lado, y por otro, una esperanza vacía de sentido que favorece el abandono de los propios deberes.